sábado, 27 de septiembre de 2008

La importancia del juego


Para que una actividad pueda ser catalogada como juego, debe causar placer espontáneamente. El juego tiene un efecto positivo, flexible que deja contentos a los niños, ya que no tiene una respectiva estructuración, no obstante, mediante el juego podemos hacer actividades guíadas estimulando los aprendizajes.
Pero antes de seguir con nuestro análisis, nos hemos preguntado ¿qué es el juego?
La respuesta a esta pregunta parece fácil, ya que habitualmente resulta sencillo para el observador reconocer el carácter de juego de una acción, del mismo modo que quién está jugando tiene conciencia de este carácter lúdico.

Así, cuando vemos a una niña acunando cariñosamente su muñeca, a otro modelando figuras en plasticina, a un grupo atareado en torno a unas cuantas bolitas, o a un pequeño que salta repetidas veces desde el mismo escalón, sabemos que están jugando, pese a que la conducta es muy similar a la realidad "en serio". ¿Cómo sabemos que lo que el menor realiza es un juego?

Es difícil limitar el juego a una definición, por lo que intentaremos resaltar los criterios que permiten diferenciarlo de otras actividades.

¿Cuándo se está jugando?

Las diversas teorías del juego proponen diferentes criterios para reconocer esta actividad, a partir de los cuales podríamos decir que se esta jugando cuando la actividad realizada:

Produce placer al sujeto que la realiza. Interesa más la acción que el resultado.
La meta de la acción es el juego mismo y no el aprendizaje. Prescinde de las limitaciones de la realidad.
Ejercita funciones o capacidades del sujeto. Satisface necesidades afectivas del sujeto. Crea una situación imaginaria.
La intención de jugar la diferencia de una actividad similar realizada como trabajo.
Estos criterios responden a diferentes modos de entender el juego y reflejan la complejidad de esta actividad, que en ciertos momentos puede responder a unos u otros de los criterios señalados.

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